El Tiempo y la Vida


Desde que la vida apareció sobre la superficie de la Tierra, esta no ha dejado de girar, por lo que sus ciclos han influido en todos los seres vivos. Nuestra vida ha sido orquestada para aprovechar este entorno rítmico, donde los principales compases son aportados por los ritmos del día y la noche, el paso de las estaciones, o los ciclos de las mareas y de la luna.

Pero no solo estamos preparados para escuchar los ritmos que nos vienen de fuera, nuestro cuerpo está dotado de relojes que nos permiten anticiparnos ventajosamente a los cambios periódicos y, por tanto, previsibles de los ciclos externos. El reloj de intervalos, la agenda temporal, el reloj celular (telómeros), el reloj circadiano (mide intervalos de 24 horas) y el reloj anual son algunos de los sistemas que utilizamos inconscientemente para organizar temporalmente nuestra vida. El mantenimiento de una organización temporal interna, en la que el ritmo de cada variable muestra una determinada relación de fase con los demás, es una condición imprescindible para el mantenimiento de un estado saludable.

Con la edad, el funcionamiento de nuestros relojes, sobre todo el reloj circadiano (24 horas), se deteriora. Al igual que ocurre con la vista, el oído o nuestro corazón, los relojes de la vida atenúan sus oscilaciones e, incluso, se adelantan más de la cuenta. Es por ello que por la noche el sueño se interrumpe con más frecuencia que cuando éramos jóvenes, mientras que por el día estamos somnolientos; que nos despertamos antes de tiempo o que, incluso, se pierde la secreción de melatonina durante la noche. La melatonina es una sustancia que produce la glándula pineal y que posee efectos hipnóticos, antitumorales, antioxidantes y estimulantes de nuestras defensas inmunológicas.

La relación entre los relojes de la vida y el envejecimiento es doble, ya que no solo envejecen nuestros ritmos biológicos, sino que lo contrario también es cierto. Esto es, las alteraciones de los ritmos circadianos, mantenidas durante largo tiempo, producen un envejecimiento acelerado. Se hace necesario, por tanto, conocer las estrategias para mejorar y mantener en buen estado nuestros relojes biológicos.


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